Clint Eastwood: ‘Me he sentido solitario como algunos de mis personajes’

Muy a sus 91 años de edad, Clint Eastwood no tiene la más mínima intención de dejar de hacer lo que más le gusta: cine.

Pese a ser un caso curioso en Hollywood, un tipo huraño que acumula guiones, adora su profesión, a la que se ha entregado como pocos. Sus inicios hablan de un actor fortachón, un poco tosco, que, en principio, no pudo encajar en el cine —dicen que por su físico peculiar— y que se volcó a la televisión con la serie Rawhide, que se emitió cuando ya tenía 29 años y con la que se hizo conocido.

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Después, gracias al azar, vino su aventura europea. El director italiano Sergio Leone lo catapultó en la ‘Trilogía del dólar’: Por un puñado de dólares (1964), La muerte tenía un precio (1965) y El bueno, el feo y el malo (1966). Entonces aquel vaquero con un poncho terciado se convirtió en un curioso ícono del cine, gracias a ese movimiento que bien llamaron los spaghetti westerns.

Entonces apareció otro padre cinematográfico que relanzó su carrera como actor, Don Siegel, el director con quien hizo cuatro filmes, incluido Harry el sucio (1971), filme que por sí solo ya era suficiente para ser leyenda y que, con una gran pistola en la mano, se estiró en cuatro secuelas, Harry el fuerte (1973), Harry, el ejecutor (1976), Impacto súbito (1983) y The Dead Pool (1988). Su personaje, el inspector Harry Callahan, un detective de San Francisco al que le gustaba disparar primero y hacer preguntas después, ha sido uno de los grandes en la historia del celuloide.

No contento con eso, Eastwood decidió hacerse detrás de la cámara y, como director, ha logrado impresionantes aciertos. Debutó como realizador en 1971 con la película de suspenso Escalofrío en la noche. Luego vinieron taquillazos que, además, contaron con el aplauso de la crítica: El fuera de la ley (1976), Fuga de Alcatraz (1979), El jinete pálido (1985), El sargento de hierro (1986), Los puentes de Madison (1995) y Gran Torino (2008). Gracias a su trabajo en Unforgiven (1992) y Million Dollar Baby (2004), Eastwood fue galardonado con los premios Óscar a mejor director y mejor película.

La leyenda del séptimo arte lleva más de 60 años en la industria cinematográfica.

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Nacido el 31 de mayo de 1930, en San Francisco (California), Eastwood creció en medio de la Depresión estadounidense. Sus padres, Clinton y Ruth, eran trabajadores ambulantes y debido a la dificultad familiar para encontrar un trabajo estable, tuvo que mudarse de una ciudad en California a otra, asistiendo a unas ocho escuelas primarias en el proceso. Esa experiencia lo afectó profundamente hasta el punto de convertirlo en un niño aislado y solitario.

Para cuando asistía a Oakland Technical High School, se destacó en la natación y el baloncesto, mientras tocó el piano —en tono de jazz— para las comidas en un club local. Después de graduarse, trabajó como bombero y leñador en el estado de Oregón, así como obrero siderúrgico en Seattle. En 1951, fue reclutado por el Ejército de los Estados Unidos, donde fue instructor de natación durante la Guerra de Corea. Fue en Fort Ord, cerca de Carmel, California, donde él se interesó por primera vez en la actuación, gracias a su amistad con los actores David Janssen y Martin Milner, quienes lo alentaron a seguir una carrera en Hollywood después de servir en el Ejército. Siguiendo su consejo, Eastwood se dirigió al sur de California, donde estudió en Los Angeles City College.

A su llegada a Hollywood, Eastwood firmó con Universal Studios como actor de reparto. Pronto comenzó a conseguir pequeños papeles en películas insulsas, entre las que destacó Francis in the Navy, en 1955. También ese año, hizo una breve aparición como técnico de laboratorio en Revenge of the Creature, la secuela de Creature from the Black Lagoon, de 1954. Después de más papeles pequeños, Eastwood fue despedido por Universal, lo que lo obligó a buscar trabajo en construcción de piscinas y como asistente en una gasolinera mientras contemplaba su regreso a la universidad. Pero mientras almorzaba con un amigo en la cafetería de los estudios de CBS, un productor se acercó y le pidió que hiciera una audición para una nueva serie de televisión sobre el viejo Oeste, llamada Rawhide. “La verdad, recuerdo que estaba tan nervioso en la audición que no pude decir mis diálogos de prueba para nada bien. No tenía realmente mayores estudios escénicos, pero lo hice por tratar de conseguir un poco de dinero para ahorrar mientras conseguía otro trabajo”, comenta. Muy a pesar de haber leído mal sus líneas en la audición, fue elegido como Rowdy Yates, un renegado que ayudaba a liderar a un grupo de vaqueros a resolver varios problemas mientras arreaban ganado.

Cuando éramos niños, no necesitabas un juguete. Podías tener un palo o una piedra o algo que despertara más la imaginación. Ese fue mi primer alimento para mi curiosidad por las historias visuales.

En poco tiempo, la serie Rawhide se volvió constantemente un programa de máxima audiencia, convirtiendo al desconocido Eastwood en una estrella de televisión. Pero el estrellato cinematográfico en Hollywood seguía estando fuera de su alcance. Entonces vino el golpe de suerte con el director italiano Sergio Leone. Eastwood no quería leer el guion de un wéstern que iban a rodar unos italianos en España. Pero su agente lo convenció. Lo hizo y un éxito llevó al otro al punto que, cuando la década de los 60 estaba llegando a su fin, él ya era una de las estrellas del cine más grandes del mundo.

Luego, con el aliento y la guía de su mentor, Don Siegel, hizo su debut como director con la película Escalofrío en la noche, una historia de suspenso sexual sobre una mujer obsesiva (Jessica Walters) que persigue a un disc-jockey de una emisora de jazz (interpretado por él mismo), después de que tuvieron una aventura. Aunque los ejecutivos del Estudio Universal dudaban de él para el papel principal, Eastwood los convenció al ofrecer sus servicios para dirigirla de forma gratuita. El resultado fue un éxito de taquilla y la confirmación de que, detrás de la cámara, también había talento.

Desde ese entonces, su apellido ha sido sello de garantía y de no despreciables taquillas. Sin haber nunca escrito nada y con un olfato sensacional para los buenos guiones —más el apoyo de grandes colaboradores—, Eastwood ha logrado más de un puñado de obras maestras y una carrera inagotable. Tanto que en la última década, entre sus 80 y sus 90 años, ha rodado casi una película por año. Hoy, a sus 91 años, el lúcido narrador vuelve a los vaqueros, a su amado mundo del wéstern, y presenta su nueva obra, Cry Macho. Y dice que continuará rodando.

El bueno, el feo y el malo (1966)

El bueno, el feo y el malo (1966)

Harry el sucio (1971)

Harry el sucio (1971)

Jinetes del espacio (2000)

Jinetes del espacio (2000)

Million Dollar Baby (2004)

Million Dollar Baby (2004)

Gran Torino (2008)

Gran Torino (2008)

Cry Macho (2021)

Cry Macho (2021)

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Sin duda, usted ha vivido una vida extraordinaria. ¿Cómo recuerda su niñez y su juventud?
Crecí en muchas ciudades pequeñas: Sacramento, Redding, Hayward, Niles y varios pueblos al norte de California, de esos pueblos donde los vecinos se conocen entre todos y se caen bien. Recuerdo que el chico de al lado, de origen portugués, le llevaba pasta a mi abuela a cambio de que ella le regalara un pollo de su galpón. Era una época muy agradable, de mucha vecindad.

Tiempos difíciles…
Siempre que voy a mis memorias de infancia, lo primero que veo es a mi abuelo. Crecí con él, un criador de pollos. Yo nací en San Francisco durante la Depresión, en 1930. Esa época fue dura, todos estaban deprimidos. Fue un tiempo interesante, por decirlo de un modo, porque, cuando éramos niños, había una diferencia frente a lo de hoy: no necesitabas un juguete, podías tener un palo o una piedra o algo que llamara tu atención y despertara mucho más la imaginación. Ese, sin duda, fue mi primer alimento para mi curiosidad por las historias visuales.

En su primer papel relevante, a sus 29 años, personificó a un ganadero en la serie de televisión Rawhide. ¿En ese entonces, aún joven, soñaba con producir, escribir y dirigir sus propias películas?
Rawhide era mi sueño. Lo disfruté durante el tiempo que estuve, pero me fui a Italia y supongo que sí soñé con el camino que comencé allá. Hice algunas películas europeas, después algunas estadounidenses y tuve suerte. Cada proyecto era una nueva apuesta, como estar en Las Vegas. A veces, estando a la mitad de los rodajes, me preguntaba si alguien realmente querría ver esto. Hay todo tipo de cosas que estás cuestionando, incluyéndote a ti mismo, y supongo que es normal. Hay un viejo dicho en el golf: “Prefiero tener suerte que ser bueno”. Por supuesto que hay muchas cosas que entran en juego: la producción, la dirección, tener el material adecuado, etc., pero siempre hace falta tener suerte, como en el golf y como en Las Vegas.

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Por fortuna he envejecido con la gracia suficiente para aceptar lo nuevo

Usted ha estado trabajando en Hollywood y alrededor del mundo desde los años 60…
Corrección, desde los años cincuenta. Empecé en 1953, ingeniándomelas y tocando puertas, así no fuera en la actuación.

Hollywood no tiene secretos para usted, usted lo sabe todo. Vio los cambios en los años 70, 80, los 2000 y ahora…
Justo cuando uno cree que lo sabe todo, se da cuenta de que a veces no sabes nada, especialmente porque no eres lo que la gente realmente quiere. A veces piensas que estás en sintonía con la sociedad y luego, de pronto, pierdes la sintonía. Sucede que piensas que vas a guiar a la gente al contar una historia que es interesante y que todos deberían verla, pero resulta que mucha gente no está de acuerdo contigo, así que hay todo tipo de cosas que pueden o no pueden funcionar. Cuanto más tiempo vives y más trabajos has realizado, tienes mucho más que aprender.

¿Quiénes fueron las mayores influencias en su estilo como director?
Yo crecí viendo a Billy Wilder y su Sunset Boulevard y su Double Indemnity. Yo era muy fan de él. Hoy me divierto viendo a los actores de antaño en el cine. Por ejemplo, la otra noche vi a Jimmy Stewart en una película y pensé: “¡caramba!, ¡qué geniales eran estas personas!”. Me pregunto: ¿qué hacían los directores en ese entonces que podría funcionar hoy y cómo lo harían hoy en día? He visto historias realmente increíbles, pero no lo sé. No hay forma de explicarlo.

¿Qué era mejor del cine de antes?
Hoy en día, los niños pueden ver todas las cosas imaginables, se transmiten todo tipo de películas y en la televisión se puede ver y jugar juegos maravillosos; sin embargo, antes se apreciaban las pequeñas cosas, los detalles, y la época fue un momento interesante para los jóvenes. Por fortuna he envejecido con la gracia suficiente para aceptar lo nuevo. No solo estoy enamorado de los viejos tiempos, que muchas veces no fueron tan buenos, aunque estuvo bien vivirlos.

Casi todas sus películas se centran en contar historias de un protagonista solitario o de alguien que es mal entendido por la sociedad. ¿Qué le ha hecho identificarse con esas historias?
No lo sé, si lo supiera, probablemente estaría escribiendo libros sobre eso o algo así, pero no lo sé [risas]. Me gusta ese tipo de historias instintivamente. Creo que después de tantos años de vivir mi vida, automáticamente gravitas hacia las cosas que te interesan, y eso es lo que hago. Sigo un nivel más instintivo sobre hacer proyectos que me gustan.

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¿Usted es un hombre solitario?
Bueno, lo he sido. Y lo he sentido muchas veces. Ha habido etapas en mi vida, tanto en mi niñez, mi juventud, mi adultez y ahora de viejo que me he sentido un solitario como algunos de los personajes que he interpretado o historias que he dirigido.

En el 2004, usted realizó American Sniper, en la que abordó el tema del patriotismo y la guerra. ¿Qué siente cuando está frente a la bandera estadounidense?
Tenía once años de edad cuando estalló la Segunda Guerra Mundial, así que pude ver muchas actitudes diferentes a través de los años sobre el patriotismo y esas cosas. Durante la Segunda Guerra Mundial, todo el mundo era extremadamente patriota y simpatizaba con el Ejército. Pude leer y ver todos los clips de noticias como Movietone News. Así que todo eso me ayudó para esa película en particular. Pero sí, soy de la generación que fue muy patriota y todos creímos mucho en el amor a nuestra patria.

¿Cómo fue su experiencia en el Ejército?
Después de la Segunda Guerra Mundial, solo pasaron unos cuantos años para volver a la Guerra de Corea. Yo pensaba: “Ya no habrá más guerras después de esta locura”, pero luego, de repente, ya estaba pensando: “Por abrir mi bocota, aquí estoy siendo reclutado” [risas]. Y efectivamente me reclutaron en el Ejército en 1951. Y todos nos preguntamos ¿qué demonios estábamos haciendo allí? Y supongo que así fue en guerras posteriores como en Vietnam. Y todo eso te hace hacer grandes preguntas sobre la humanidad y su capacidad para vivir de manera pacífica. Pero parece que la historia no está del lado de la paz, que a veces es una forma deprimente de ver las cosas, pero así son las cosas.

¿Qué tan bueno fue con las armas?
Claro que puedo disparar un rifle. Creo que la última vez que sostuve un rifle M1 fue durante el rodaje de Gran Torino, cuando dije: “¡Sal de mi césped!” [risas]. Pero ese era un rifle que usé, y supongo que podría asustar a cualquiera si tuviera que usarla.

Debido a su carrera y a sus opciones como actor y como director, siempre lo han definido como un artista valiente. ¿Así también ha sido en su vida?
Dicen que todos tenemos algún miedo, pero no creo que se pueda vivir con miedos. Creo que si los miedos se apoderaran de tu psique, podrías llevar una vida muy infeliz. Así que creo que todo el mundo tiene que afrontar sus miedos de una manera positiva.

Clint Eastwood en BOCAS

Eastwood protagoniza y dirige Cry Macho , su nueva cinta, la cual está basada en la novela de Richard N. Nash escrita en 1975.

Usted ha estado en varias relaciones, con dos matrimonios y también tiene ocho hijos, incluyendo a Scott Eastwood, que viene siguiéndole los pasos. ¿Cómo vive su vida familiar junto a sus hijos y nietos?
Hubo un período en el que mi ADN estaba en alta demanda por un tiempo, pero creo que eso ya se acabó [risas]. Pero, en serio, tengo grandes sentimientos por los niños, y mis hijos. Me aseguraré, mientras pueda, de que tengan las mejores oportunidades.

¿Y cuáles son sus sentimientos sobre el amor y el matrimonio?
No he tenido exactamente éxito en eso, pero hice un par de intentos. He tenido momentos de éxito interrumpidos por momentos de efervescencia [risas]. Creo que el matrimonio es genial y admiro mucho a las personas que pueden lograrlo y mantenerlo, pero es muy difícil.

¿Qué consejo le daría a su yo más joven?
Nunca fui un niño muy inteligente. Aprendía lentamente, así que le diría que acelere un poco el proceso, tal vez que practique, practique y practique un poco más en todo lo que quisiera hacer.

¿Dónde siente que está en su vida ahora? ¿Siente que ha encontrado su propósito?
Mi perspectiva sobre mi propia vida es que, si te dieron la oportunidad de vivir en este mundo, tienes que aprovecharlo y hacer lo mejor que puedas por tu vida. Eso hice. Simplemente hice lo mejor que pude con la vida que me dieron, porque esa fue la mano de cartas que me dieron para jugar. Y yo jugué, porque no hay de otra. La vida es un juego de cartas. Ahora, si estás preocupado por cómo va a ser el final de todo, pues realmente no vas a poder vivir el presente. Así que hay que disfrutar el hoy, siempre. Esa es la forma como he visto mi vida.

Tras una carrera tan brillante, ¿ha considerado la jubilación?
Bueno, mucha gente ha pensado eso por mí. Quizás es comprensible que haya más papeles escritos para gente más joven en lo que respecta al aspecto de la actuación, pero creo que puedes ser de cualquier edad y contar una historia. Solo depende de tus habilidades en ese momento particular de la vida. Y ya sabes, John Huston en realidad estuvo dirigiendo en una silla de ruedas en sus últimos días, con oxígeno y todo. Y algunas personas simplemente tienen un momento diferente en la vida en el que pueden alcanzar su punto máximo. Por ejemplo, hubo un director portugués, Manoel de Oliveira, que cumplió 105 años y murió dirigiendo, haciendo películas. Y creo que eso es maravilloso. Pero, dirigir en una silla de ruedas, eso sería un tipo de condición que me parece un poco descabellado. Pero si cuentas historias y tienes un buen equipo, puedes contar historias bajo cualquier circunstancia.

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Este era el momento adecuado de volver al wéstern. Nunca he pensado en abandonar el género.

¿Seguirá filmando una película cada año? ¿Cuál es la historia que le falta por contar?
Nunca se sabe si llegaré a ese ritmo. Hace sesenta y tantos años, cuando comencé a actuar, nunca pensé que iba a terminar haciendo esto, solo esperaba llegar a alguna parte y tuve suerte de que haya llegado a hacer lo que hice. Luego pensaba al mirar atrás: ‘¿Por qué sigo aquí y por qué estoy haciendo esto? ¿No estoy viviendo en una casa de ancianos o algo así?’. Pero tuve la suerte de tener los genes de mi abuelo y de tener algo que me hizo seguir adelante. Pero tampoco hay respuesta para eso, de hecho, no hay respuesta para nada si realmente te detienes y lo miras en retrospectiva; simplemente haces lo mejor que puedes y sigues haciéndolo.

¿Está entonces trabajando en una nueva película?
Sí, estamos mirando un par de cosas. Es por eso que me convertí en director, porque el día que me cansara de mirarme a mí mismo en una pantalla, podría hacerlo simplemente detrás de ella, y estoy en esa era en este momento, donde definitivamente estoy cansado de mirarme a mí mismo [risas].

Acaba de estrenar una película cuando apenas salimos de una pandemia. ¿Cuándo y dónde rodó Cry Macho?
La rodé en Nuevo México. Fue un proceso acelerado de nueve semanas. Todo durante la pandemia. La verdad es que, cuando volví a mi casa, dije: “qué suerte estar de nuevo aquí”.

¿Por qué volver al wéstern?
El guion siempre lo tuve por ahí. Solo puedo decir que este era el momento adecuado de volver al wéstern. Nunca he pensado en abandonar el género.

¿Cuál es su relación con la religión?
No pertenezco a un grupo religioso organizado. Cuando era niño, con mis padres nos mudábamos a cada rato, así que iba a diferentes iglesias y a diferentes escuelas. Simplemente llegué a un cierto punto en la vida en el que comencé a pensar: “Puedes ser espiritual sin importar dónde estés y no tienes que estar en un grupo ni nada”. Admiro a las personas que se han mantenido con una religión organizada y tuvieron esa oportunidad, pero de la misma manera, creo que tengo los mismos sentimientos que habría tenido si hubiera estado con una religión en específico. Fui a algunas iglesias católicas cuando era niño y en esos días todos los sermones eran en latín, y como no entendía latín, y como yo era demasiado vago para aprender, pues ni modo.

¿Cuál considera que ha sido el mejor momento de su vida?
Hoy es el mejor momento. Creo que el mejor momento es ahora. Nunca he tenido un día en el que dijera que me gustaría volver atrás. Este momento lo estoy disfrutando mucho: tengo una familia maravillosa y no tengo ninguna queja.

Apertura Clint Eastwood en BOCAS

La edición 111 de la Revista BOCAS empezó a circular desde el 31 de octubre de 2021.

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POR: Mario Amaya
FOTOS: Getty/EFE
EDICIÓN 111. OCTUBRE- NOVIEMBRE 2021

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