‘6 Underground’, la película ‘prohibida’ en Turkmenistán

A lo largo de la historia, los autores han creado lugares imaginarios para compararlos con un país o una sociedad real. Camelot, el mítico reino del rey Arturo; la Tierra de Jauja, de Lope de Rueda; el Liliput adonde Jonathan Swift llevó a Gulliver; Vetusta, que fue como Clarín quiso llamar a Oviedo, o el Macondo de García Márquez son ejemplos clásicos de la literatura. Del cómic saltaron al cine Gotham o Metrópolis. Y gracias a las películas y las series de televisión conocemos Pandora, el Springfield de los Simpson, Tatooine

El último sitio imaginado que ha aparecido en la pequeña pantalla, de la mano de Netflix, ha sido Turgistán, un país ficticio dominado por un despiadado dictador al que un comando de seis justicieros fantasma quieren derrocar en la última película de acción de Michael Bay, 6 Underground . Las similitudes poco disimuladas con Turkmenistán han levantado revuelo en esa exrepública soviética de Asia Central. El dictador de ese lugar que no sale en los mapas, Rovach Alímov, parece estar inspirado en el verdadero líder autoritario de Turkmenistán, Gurbangulí Berdimujamédov. Los paralelismos son evidentes. Los habitantes de Turgistán hablan en turcomano, el idioma nacional de Turkmenistán. Y en una de las escenas el fantasma número 3, interpretado por el actor mexicano Manuel García-Rulfo, lee un manual para aprender el idioma, Turkmen in 5 minutes .

Las autoridades han bloqueado la plataforma digital y la policía cuida de que no se vea el filme

El estreno ha despertado desde diciembre la curiosidad en Turkmenistán. Pero sus habitantes se han encontrado con dificultades para ver el filme porque, según Radio Azatlyk, las autoridades han bloqueado la red de Netflix y también el servidor Google Play, desde donde descargar la aplicación. Turkmenistán es uno de los países más cerrados del mundo. En la lista de septiembre del comité para la protección de los periodistas sobre los países con la censura más severa aparecía en tercer lugar, por detrás de Eritrea y Corea del Norte. La película se ha hecho tan popular que la policía está llevando a cabo inspecciones de videoclubs. En establecimientos de Ashjabad, Turkmenabat, Mary y Dasoguz se han presentado clientes vestidos de paisano que preguntan por la película. Si no está disponible, piden que se la descarguen y cuando la tienen en una memoria USB sacan la placa “e informan que se ha violado la ley sobre la prohibición de esta película”, dice una fuente al citado medio.

No es la primera vez, ni será la última, que un país de Asia Central causa sensación en el cine. En el 2006 el cómico británico Sacha Baron Cohen provocó el enfado del entonces presidente de Kazajistán, Nursultán Nazarbáyev, y su gobierno al protagonizar Borat , un falso documental satírico cuyas burlas y bromas absurdas no hicieron al principio ni pizca de gracia a las autoridades kazajas por la imagen que daba del país. Con el tiempo, han ido admitiendo que el filme fue un excelente medio de dar a conocer el país en el mundo y una fuente de nuevos turistas.

En 6 Underground también aparecen símbolos relacionados con Turkmenistán, como la estrella de ocho puntas. En las que aparecen en la película se puede leer “Uzak ýasa Rowaç Alimow”, que puede traducirse como: larga vida a ti, Rovach Alímov. Además, se usa el manat, que es la moneda de Turkmenistán. Como la verdadera Ashjabad, en la capital de Turgistán, Tyrus, hay grandes edificios y esculturas a mayor gloria del dictador. Para que no haya dudas, un elemento bastante claro: el nombre de éste, Rovach, es común en Turkmenistán y es como bautizó Berdimujamédov a su caballo favorito. Una de las últimas canciones del presidente, que también es compositor y escribe libros y poemas, llevaba el nombre del semental y fue emitida por televisión el pasado abril.

Pero esto es una ficción y, más allá de la apariencia, el argumento no refleja la vida política de Turkmenistán. Por ejemplo, el millonario que financia la operación, el fantasma Uno, presencia cómo la aviación de Rovach bombardea un campo de refugiados. Eso no tiene nada que ver con Turkmenistán, un país gobernado con puño de hierro desde el fin de la URSS, donde la oposición ha sido laminada pero donde no ha habido ninguna revolución ni ninguna guerra que provocase refugiados.

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