Análisis de Bárbaros. Temporada 2 – Las cosas que nos hacen felices

La segunda temporada de Bárbaros no da respiro y supera en ritmo a la primera. La serie alemana, creada por Andreas Heckmann, Arne Nolting y Jan Martin Scharf, toma como referencia histórica las luchas entre romanos y germanos durante los primeros años de la era cristiana.

Bienvenidos después de casi dos años para reencontrarnos con Bárbaros, serie alemana de Netflix que nos entrega una segunda temporada algo más alejada del registro histórico, pero con una trama más ágil y mayor desarrollo de personajes, por lo menos del lado bárbaro.

Pasemos ya a analizarla no sin antes advertir que SE VIENEN SPOILERS DE LA TRAMA ni dejar de recordar que pueden aquí echar ojo al análisis de la primera temporada.

Nuevas Legiones

Aun cuando los romanos le sigan llamando así, Arminio ya no es Arminio sino Ari (Laurence Rupp) nombre por el cual le identifican las tribus bárbaras a las que está buscando unir y que ahora asume como propio. También ha renegado de su rostro prolijamente afeitado y su corte de pelo romano para adoptar un tipo estético más germánico.

Thusnelda (Jeanne Goursaud), en tanto, ya tiene su bebé, del cual recordemos que, por la curandera Runa, sabe que no es hijo de Ari o, lo que sería lo mismo, que lo es de Folkwin (David Schütter)…

Tras emboscar a un grupo de romanos, descubren que transportaban tiendas de campaña para una legión completa, lo cual hace temer que estén llegando refuerzos desde Roma para acabar con la sublevación. Se cree que pueden reunir unos veinte mil hombres, lo cual superaría con creces cualquier número para oponerles: no hay posibilidad alguna a menos que logren sumar a Marbod (Murathan Muslu), reik de los marcomanos que podría aportar unos setenta mil.

Aprovechando que le conoce por haber sido criado también en Roma, Ari va a verle y, con el pretexto de invitarle a cazar, le hace la propuesta. Pero Marbod, a pesar de haber sido su tribu originaria masacrada por romanos, quiere la paz y no la guerra: aun así, promete pensarlo.

La guarnición romana en la zona está cargo de Tiberio, (Giovanni Carta), el mismo que algún día será emperador. Le acompaña como procónsul su hijo Germánico (Alessandro Fella): otro personaje histórico ligado a las campañas en la frontera norte del imperio. Al primero se lo advierte más negociador y cauto; al segundo, impulsivo apresurado y, llegado el caso, despiadado.

Desde Roma llega Flavio Varo (Daniel Donskoy), hermano de Ari que, criado también allí, se identifica totalmente con la capital imperial y no perdona la traición de su hermano. Se ofrece a Tiberio para ir a capturarle, pero este se halla a la espera de las nuevas legiones y no está dispuesto, mientras tanto, a ceder un solo hombre para una misión suicida.

Flavio se ve obligado a actuar en soledad y por su cuenta. Se reúne con Marbod y no solo se conocen de sus días en Roma, sino que ha habido en el pasado más que amistad; lo convence de no aliarse con Ari y así lo declara el reik en asamblea.  Sorprendido, Ari va a hablar con él, pero en ese momento hace acto de presencia Flavio y entiende todo.

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Los hermanos se enfrentan en duelo de espadas que acaba con Ari a punto de estrangular a Flavio pero, desde atrás y con una roca, Marbod le deja inconsciente…

Capturado

Como un trofeo, Flavio lleva detenido a Ari: ello le permite ganar prestigio a los ojos de Tiberio, que jamás creyó que lo lograría en soledad. Ari es echado a un foso y recibe en la noche la inesperada visita de Cayo(Gabriele Rizzoli), el hijo que tuvo en Roma y que, dolido y resentido, le pone al corriente de lo mal que tanto él como su madre lo pasaron por la vergüenza de su traición.

Thusnelda, entretanto, ha encontrado el caballo de su esposo muerto por un pilum e infiere que ha sido capturado. Sabiendo que había ido a reunirse con Marbod, interpela a este al respecto pero desliga responsabilidad y dice que fueron atacados por legionarios. Cuando ella vuelve con los suyos, quiere armar un rescate, pero lo ven como suicida.

Obstinada, se acerca a la guarnición romana y ve entrar a Marbod junto a un grupo de hombres, lo cual termina de confirmarlo como traidor. Logra introducirse infiltrándose entre ellos, pero un romano la sorprende y es auxiliada por Folkwin que, mintiendo, la identifica como su hermana y la justifica con que está mal de la cabeza.

Una vez fuera, ella le pone al tanto de lo que intenta y de que no tenía plan en absoluto. Le pide ayuda pero, desde luego, él no muestra mucho interés tratándose de Ari. En cambio, su nueva pareja, una muchacha cartaginesa llamada Dido (Cynthia Micas) y con quien Thusnelda hace sorprendentes buenas migas, se ofrece de buen grado y la invita a acompañarla de incógnito cuando ingrese en la fortaleza romana para vender cuchillos.

Ya adentro, Folkwin, que ha ingresado oculto en el carromato, finge estar borracho y se pelea con un romano, por lo que acaba detenido: busca y consigue que lo lleven al lugar en que tienen a Ari mientras Thusnelda y Dido le siguen. Esta última ve a Germánico y pareciera revivirle algún trauma del pasado…

Una vez en el lugar y cargándose un par de guardias, liberan a Ari. Aparece Flavio y los hermanos vuelven a enfrentarse: Ari le reduce y, quitándole su uniforme, sale a caballo llevando sobre la montura a su hijo Cayo. Los romanos, furiosos al descubrir el engaño, salen a darle caza…

Padres

En una hondonada del bosque, Ari prepara una trampa para sus perseguidores y, usando a un maniatado Cayo como distracción, les ataca por sorpresa hasta dejar solo uno, al que deja ir con una seria advertencia para Tiberio.

En la fortaleza, un furioso Germánico acusa a Flavio por la fuga. Hace decapitar a quienes estaban a cargo del reo y está a punto de hacerlo también con él cuando, en desesperado intento, Flavio apela a Tiberio con que lo necesita vivo si quiere mantener la alianza con Marbod y, por el contrario, lo tendrá en contra si se entera que lo mataron. Tiberio acepta y lo envía a parlamentar con el jefe marcomano, al que, en gesto de lealtad y buena voluntad, envía como obsequio una daga.

Thusnelda y Folkwin llevan a Dido, seriamente herida, a la cueva de Runa. Cauterizan la herida, pero la muchacha sigue delicada y, además, dice haber visto entre los romanos al asesino de su padre en Cartago.

Thusnelda está molesta de que Ari le haya ocultado su hijo de Roma y vaya a saber qué más, por lo que lo echa de su lecho. Decepcionada y resentida, pone al tanto a Folkwin de que es el padre del pequeño Tumélico y le encomienda hacerse cargo del niño en caso de que ella muera. Una sombra cubre el rostro de Folkwin…

Cayo, traído contra su voluntad a la aldea, no para de escupir desprecio por el modo de vida bárbaro y la cultura de su padre, quien le deja al cuidado de su amigo Odvulf (Robert Maaser) para que le instruya en ella: la relación comienza difícil, pero el joven termina mostrándose entusiasmado al aprender a cazar con una honda.

Ari va en busca de Marbod para saldar cuentas tras su traición. Pide enfrentarse cuerpo a cuerpo y lo derrota pero, en lugar de ultimarlo, se arrodilla y postra sus armas en señal de lealtad, reconociéndole así como reik de todas las tribus.

El Juramento

La paternidad no pone feliz a Folkwin porque antes de Teutoburgo y para que los dioses asegurasen la victoria, había ofrecido a cambio la vida de su primogénito. Ahora que lo tiene, quiere deshacer el juramento y por eso renuncia a su paternidad, que en los hechos significa marcharse y ya no ver más al niño ni a Thusnelda. Ella se niega, pero termina aceptando su voluntad y tiene lugar una intensa despedida. Y no es el único juramento que él ha hecho: además ha ofrecido su propia vida por la recuperación de la deteriorada salud de Dido.

Thusnelda recrimina a Ari el someterse a Marbod: no puede aceptar seguir a alguien que les traicionó y defiende la paz con quienes dejaron inválido a su hermano Ansgar. Él cree que puede convencerlo de que esa paz no es posible o bien esperar que se acabe dando cuenta por sí solo. Mientras tanto y poco a poco, va ganando confianza con Cayo, cada vez más integrado a la comunidad que tanto despreciaba. Le obsequia un diente de lobo y le ofrece incluso llevar la antorcha de la tribu a la reunión de los reiks para nombrar nuevo líder.

En las cercanás del campamento de los marcomanos, Flavio es capturado por guardias que le llevan ante Marbod, lo que le permite entregarle el presente enviado por Tiberio pero también, y sin saberlo, un mensaje pidiéndole que mate a Flavio como muestra de lealtad.

Marbod, obviamente, no quiere hacerlo y le ofrece a Flavio marcharse juntos a las tierras del este, pero este desprecia la vida bárbara y se niega a conducir “manadas de cerdos”. Ofendido, Marbod le hace encerrar y le muestra el mensaje de Tiberio para que sepa en qué poca estima le tiene la Roma que tanto ama y defiende.

Flavio lo golpea y escapa. Sin aprender nunca, va en busca de los romanos y lleva a Germanico el dato de que los reiks se reunirán en el oeste, oportunidad propicia para matarlos a todos juntos.

Los padres de Thusnelda, desterrados de la tribu, están viviendo como parias en una cueva junto a su hijo Ansgar. En la aldea, de hecho, ella sorprende robando a su madre, quien les ruega que los readmitan porque Ansgar está sufriendo hambre. Thusnelda está dispuesta a recibir a su hermano y a su madre, pero no al ponzoñoso Segestes (Bernhard Schütz).

Enterado precisamente este último de la reunión en el oeste, se dirige allí con su familia para intentar ofrecer sus servicios a Marbod. Por el camino, ven romanos cabalgando en esa dirección, por lo que regresan a la aldea para poner sobre aviso. Folkwin, una vez al tanto, parte raudo al galope para alertar a los reiks.

En la reunión, Marbod habla de paz y Ari de guerra, pero el debate se interrumpe bruscamente al ser atacados desde las sombras por los romanos, que provocan una masacre.

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Folkwin, que no llegó a tiempo de avisar, ataca a los romanos desde la retaguardia y se carga a varios. Enterado Germánico y sin saber que se trata de un único hombre, ordena retirada mientras en el sitio queda un tendal de muertos, entre ellos Odvulf y la esposa del devastado Marbod…

Germanico es recibido como héroe en el fuerte romano, donde anuncia que ha acabado con los reiks. Tiberio le felicita en público, pero le increpa duramente en privado por su desobediencia y arruinar cualquier alianza con Marbod. Hace detener a Flavio y le envía al foso por ser quien le dio el plan…

Perdidos

Folkwin regresa a la aldea, pero no encuentra a Dido, que se ha recuperado y marchado. Runa le dice que quizás esté empezando a pagar el precio de no haber cumplido con los dioses y cuando él replica haber renunciado a su paternidad, la curandera responde que quizás los dioses no piensen igual.

El ataque romano y la consecuente matanza han sido un duro golpe para Cayo y su fe en Roma. Aterrado, huye hacia el bosque y sobrevive cazando con la honda, como le enseñara Odvulf. Hasta se cruza con un lobo y lo pone en fuga. En la noche y mientras duerme, es sorprendido por romanos que le toman por bárbaro pero, tras sorprenderles hablando en latín, golpea a uno y echa a correr hacia la floresta.

Marbod llega a la fortaleza cargando el cuerpo de su esposa y exige ver a Tiberio en escena que remite a Aquiles pidiendo por Héctor a las puertas de Troya. El general romano sale a hablar, pero desliga responsabidades por no haber ordenado el ataque, ya que Germánico y Flavio obraron por cuenta propia de manera inconsulta. Marbod exige entonces que le sean entregados, pero Tiberio se niega…

Haciéndose pasar por prostituta, Dido engaña a Germánico, que es capturado. Su verdadera intención era matarlo en venganza por su padre, pero Ari la contiene porque lo necesitan vivo. Germanico dice que vienen muchos romanos en camino y Ari no le cree, pues tienen vigilantes en los caminos y nada han visto. Mofándose, el romano replica que vendrán por otros caminos…

En los bosques, Cayo se encuentra por casualidad con Thusnelda y Folkwin, quien, identificándole como romano, está a punto de matarle, pero ella lo detiene diciendo que es hijo de Ari y, de hecho, su único hijo. El joven les lleva a una colina y desde allí les muestra una flota completa de barcos romanos navegando río arriba…

El Precio

Folkwin, cuyo plan era marcharse, se ve obligado a regresar junto al resto para ponerles al tanto de las malas nuevas. Segestes, en tanto, pide ser readmitido en la aldea, pero Ari le requiere demostrar su lealtad luchando, cosa que no quiere hacer porque dice tener condiciones de líder. Decepcionado y siempre acomodaticio, se dirige a la fortaleza romana para advertir a Tiberio que los bárbaros están al tanto de los barcos.

Sabiendo que no tendrán chance, el plan de Ari y el resto de los reiks sobrevivientes es atacar y destuir la fortaleza para que no tengan dónde ir una vez desembarcados. Crean entonces un gran cerco de humo en torno a la misma para impedirles ver sus movimientos mientras atado, amordazado y semidesnudo a lomo de burro, envían a Germánico. Pura distracción: grupos de bárbaros asaltan la empalizada desde atrás, abren la puerta y hay batalla…

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Marbod está a punto de morir, pero Flavio, que escapó del foso, termina entregando su vida por salvarlo. Dido vuelve a estar a punto de matar a Germánico pero otra vez este escapa y ella resulta herida, ahora en una pierna. Folkwin sale a la caza del romano, pero este le sorprende y le mata por la espalda. Ari encuentra agonizante a su amigo que, en un último estertor, le hace prometer que se hará cargo de Tumélico “como si fuera hijo suyo”, anoticiándole así de que no lo es.

Germánico descubre a Tiberio huyendo y le recrimina estar abandonando a sus soldados; el general le insiste en que lleva destino de césar y para eso debe estar vivo. En el escenario de batalla, el dolor por la muerte de Folkwin hace presa en Dido y Thusnelda mientras los barcos, ante la imagen de la fortaleza en llamas, dan media vuelta y se marchan para celebración general.

Un cuervo llama la atención de Thusnelda que, percibiendo una señal, sale al galope siguiendo su vuelo. Va en busca del bebé, pero no lo encuentra y sí en cambio muerta a la muchacha que lo cuidaba, así como atado y amordazado a su hermano que, como puede, le informa que se lo han llevado.

Otra vez Segestes hace de las suyas: Thusnelda lo encuentra entregando el niño a Tiberio mientras su madre intenta persuadirla de que crecerá mucho mejor en Roma. Pero cuando aguardan su recompensa, ambos acaban decapitados y Tiberio sentencia que detesta a los traidores: nosotros también, así que agradecidos. “Una madre no debe ser separada de su hijo” agrega y, acto seguido, Thusnelda es capturada y maniatada para ser también llevada a Roma: devastador cliffhanger

Balance de Temporada

Debo decir que estos seis episodios se me pasaron volando. Han sabido mantener el ritmo y la intriga, condimentándola con el melodrama que le han agregado los conflictos filiales, triángulos sentimentales y amores del pasado, además de los personajes entre dos culturas que ya venían de la temporada anterior.

Es saludable que Folkwin haya adquirido mejor desarrollo, algo de lo que en su momento me había quejado. Se ha revelado interesante en sus dudas y conflictos, en su amistad-enemistad con Ari, en su siempre trunca relación con Thusnelda o en su conflicto de paternidad, rematado por el acto final de entregar su vida a los dioses por salvar a Dido.

Los romanos, eso sí, siguen trazados con pinceladas muy gruesas y los nuevos personajes, como Tiberio, Germánico o Flavio (sacando alguna ambigüedad de este último en su relación con Marbod) se ven muy lineales y sin matices.

Al igual que en la temporada anterior (y como suele ser regla en series históricas o épicas), la definición se da con una batalla que ha estado razonablemente lograda aunque, por sus mismas características, sin la espectacularidad de Teutoburgo. Sobraron, a mi gusto, los “momentos Conan”, como Ari cargándose solo una patrulla completa o Folkwin la retaguardia romana. Pero bueno, es una serie alemana y habrá que aceptar que los locales eran más astutos…

En cuanto a Thusnelda, ha acentuado aún más ese rol de guerrera indómita que nos hace asociar con Brida, de The Last Kingdom o Lagertha, de Vikingos. De hecho, toda la situación de conflicto por la “otra vida” de Ari nos hace acordar bastante a Lagertha y Ragnar.

¿Qué pasa con el rigor histórico? Pues sabido es que este tipo de series suelen tomarse licencias y más tratándose de una época muy antigua, con fuentes escasas o incompletas. Pues en esta segunda temporada hay un desprendimiento todavía más claro del “canon histórico”

Es cierto que Thusnelda fue llevada prisionera a Roma como también que su padre Segestes, que detestaba a Ari, tuvo que ver con su entrega. Pero ella estaba aún embarazada y su hijo Tumélico acabó naciendo en Roma (de allí su nombre latino). Y Segestes no fue decapitado ni tan siquiera asesinado: se instaló cómodamente en Roma como premio por sus actos. Sí es verdad que tuvo siempre un comportamiento ruin y traicionero…

Tumélico era, hasta donde sabemos, hijo de Ari. Existía un tercero en discordia con el cual Segestes había comprometido a Thusnelda, pero ningún Folkwin, de hecho un personaje inventado. Según se sabe, además, ella jamás regresó de Roma como tampoco Tumélico, que acabó siendo gladiador. ¿Ocurrirá lo mismo en la serie?

También es diferente el carácter que los registros adjudican respectivamente a Tiberio y a Germánico, que en realidad eran tío y sobrino, aunque es cierto que el primero terminó adoptando al segundo (aquí no queda claro si el vínculo filial es biológico o no).

Pero lejos del carácter prepotente y desagradable con que se nos muestra a Germánico, parece ser que era muy amable con los oficiales y la tropa, aunque sí es verdad que no tuvo reparos al masacrar a los pueblos bárbaros. En cuanto a Tiberio, es habitualmente presentado como de talante sombrío y triste, lo cual no se condice en absoluto con esta versión.

Por otra parte y paradójicamente, se aprecia un retroceso de algunos anacronismos de la primera temporada, como la mención de dioses nórdicos que aún no habían sido introducidos en esas regiones. Pero más allá de todo ello, nos han entregado una buena temporada y, diría, mejor que la primera o, por lo menos, más ágil en su trama. La fotografía ha vuelto a estar a la altura, aunque por momentos cansen los sobrevuelos de los bosques con drones o los jinetes silueteados en la bruma.

El cliffhanger final nos deja absolutamente pendientes de lo que venga y de que a Netflix, por supuesto, no se le vaya a ocurrir cancelarla y dejarnos así…

Ojalá nos encontremos entonces en una tercera temporada. Gracias por leer y sean felices…

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