Juan Diego Botto: “Se da por hecho que hay un sector que va a vivir orillado en un extremo de la sociedad”

En el primer trimestre de este año se dictaron 11.072 órdenes de desahucios, cifra superior a la del mismo periodo de 2021, en que cada día se ejecutaban 110. Detrás del 50% de los suicidios que se producen al año se encuentra la pérdida de la calidad de vida, y el desahucio es una de las causas más presentes. En España se suicida diariamente una media de cinco personas. La realidad durísima, ajena a los mandatos de Derechos Humanos, de las personas que viven en estas condiciones es la que muestra Juan Diego Botto en su ópera prima, En los márgenes.

Estrenada en el Festival de Venecia y presente en el Festival de San Sebastián, la película es un retrato honesto, emocional y comprometido de una de las más grandes tragedias que se sufren en España, donde más de 12 millones de personas sobreviven en la cuerda floja de la pobreza y la exclusión social. Producida por Álvaro Longoria y Penélope Cruz, que es también una de las protagonistas, la película acompaña durante 24 horas al personaje de Rafa (Luis Tosar, espléndido), un activista, abogado que trabaja con una asociación antidesahucios.

En los márgenes es un ejercicio necesario para acercar esta realidad a muchos que no quieren mirar hacia ella. La pobreza, una vida extrema que amenaza absolutamente a todo, también a las relaciones afectivas. La lucha, un mundo de abogados, asambleas, manifestaciones… habitado fundamentalmente por mujeres, que pelean por salvar sus casas y la intimidad y el amor familiar. El compromiso, un universo de activistas, figuras imprescindibles socialmente, pero que pagan su esfuerzo con vidas personales destrozadas. La inacción institucional, los abusos, la brutalidad policial, las diferencias cada vez mayores, el sentimiento de impotencia, el coraje, la solidaridad… también están en esta película.

El personaje que dirige la acción es el de Luis Tosar, un abogado solidario, comprometido, a partir del cual se revela lo que se sacrifica por ese activismo.

Es el perfil del activista, el complejo de Che Guevara, imprescindible para mí, sin ellos el mundo se va a la mierda. Son maravillosos para tenerlos como amigos, abogados, trabajadores sociales, pero nadie los quiere como parejas, como padres de sus hijos, porque todos hemos visto muchas veces ese perfil de gente a la que admiramos, cuya vida personal está destrozada porque han intentado abarcarlo todo a costa de lo personal.

Es un hombre que no tiene horas suficientes en el día para hacer todo lo que se necesita ¿Es una manera de decir que estos problemas esenciales no deben resolverlos los ciudadanos sino el Estado?

Lo que no está presente en ningún momento son las instituciones y en la película, cuando aparecen los trabajadores sociales, dicen que ellos ponen parches, que no dan abasto, “somos tiritas”… instituciones desbordados, saqueadas, sin presupuesto, que no tienen capacidad y delegan en las víctimas. La asamblea de vivienda son víctimas y son ellos los que se encargan de salvarse y de salvarse los unos a los otros. El Estado aquí está presente por omisión, la única vez que se le ve de forma contundente es al final para ejecutar ese desahucio.

Los personajes más fuertes de la película son mujeres ¿Están presentes de una manera especial en el movimiento antidesahucios?

Una cosa con la que nos fuimos encontrando en la investigación es que estos espacios de los desahucios están poblados fundamentalmente por mujeres. Cuando vas a una asamblea de desahucios lo primero que te encuentras son mujeres, en una proporción 80-20. Ese espacio del cuidado de la casa, la que se ocupa de salvar la casa, los afectos, que la relación con los hijos no se rompa, salvar el cariño, son mujeres. En nuestra película al final hay un montón de madres, personajes femeninos que hacen lo que pueden por mantener lo que queda del cariño, del afecto, incluso por luchar para no perder la casa.

¿Y los hombres?

Desde distintos lugares y distintas maneras, los hombres tenían su identidad puesta en el hecho de que ellos eran los que proveían y una vez que eso se va al carajo ya no saben ni quiénes son.

Los niños son víctimas de este sistema cruel y los servicios de protección de menores no dan abasto, ¿cómo cree que van a crecer estos niños en la sociedad?

Creo que cada vez más la opción por la que se está optando es por no contar con ellos. Hay una tendencia a prescindir de todo un sector de nuestra sociedad, a confinarlo en los márgenes y no esperar nada de ellos. Hay un sector de la infancia a los que no se da nada y no se espera nada de ellos. Un ejemplo claro de esto es la Cañada Real, si tuvieran el menor interés por la infancia y por el cumplimiento de los Derechos Humanos, hace dos años que los niños de la Cañada Real tendrían luz. Pero ya no importa, se da por hecho que hay un sector que va a vivir orillado en un extremo de la sociedad, sin darles nada ni que aporten nada.

“Hay una tendencia a prescindir de todo un sector de nuestra sociedad, a confinarlo en los márgenes”

Esta juventud lo tiene muy difícil y si no fuera por la batalla constante de un montón de activistas que van desde cristianos de base a activistas de todo tipo a madres contra la droga a trabajadores sociales que hacen lo que pueden… si no fuera por ellos no tendrían salida. Siempre se mira la excepción como normal, pero tú sabes y yo sé lo excepcional que es sacar adelante una vida con estudios y trabajo.

Hay otro personaje en la historia que representa un fenómeno terrible de estos tiempos, el de la vergüenza de ser pobre ¿Qué es lo que nos pasa en esta sociedad en crisis donde nos avergonzamos de la pobreza o el desempleo?

De hecho el personaje de Teodoro está inspirado en una historia real de una mujer que había ocultado a todos que tenía un proceso de desahucio abierto. Ella colaboraba incluso con un banco de alimentos, pero no había contado a nadie su situación. Terminó suicidándose por la vergüenza que le provocaba admitir que era pobre. Para entender la transición que hemos vivido esta última década basta pensar que hace diez años de lo que hablábamos era de los desahucios y de la gente desahuciada, ahora de lo que hablamos es de la ocupación. ¿Con quién empatizas, con un propietario que va a perder una propiedad o con una familia que va a perder su casa? Ahí está el tema. El orgullo de la solidaridad entre trabajadores, entre clases, es un relato que parece casi del siglo XIX.

Penélope Cruz interpreta a una mujer, madre, que va a ser desahuciada. Vértice 360

Usted interpreta en la película al descreído, al tipo que no cree que la acción solidaria sirva para nada, ¿cree que esa desconfianza en los colectivos se está extendiendo?

No lo sé, pero este es un personaje muy presente en la sociedad y al que yo he visto mucho en estos procesos. Son hombres que se van sintiendo pequeños frente a unas mujeres que luchan. Cuando ellos no pueden llevar dinero a casa, no saben quiénes son, mientras ellas se van empoderando, hablan con abogados, van a asambleas, a manifestaciones, y ellos se sienten desconcertados.

Y parte de esa reacción es desacreditar todo lo que tenga que ver con ese espacio nuevo que ocupa su mujer. Es un perfil que hemos visto mucho. La percepción con respecto a la eficacia del activismo tiene que ver con el medio por el que se conoce la realidad. El que la conoce en primera persona tiene una percepción completamente distinta, porque cuando tú entras en una asamblea no puedes más que admirar la capacidad de lucha, la empatía, la eficacia de una gente que con nada hace muchísimo. El que la conoce por los medios… 

El movimiento antidesahucios, las asambleas que se muestran en la película, están rodadas con personas que participan realmente en esos movimientos…

“Gente que a mí me hace particular ilusión que se vea, que su historia esté en la película”

Todos son reales. Para escribir el guion estuvimos años, tantos que muchos son amigos. Hemos visto sus desahucios, hemos visto crecer a sus hijos, hemos estado cuando se han parado esos desahucios o cuando se han tenido que cambiar de casa. Era bonito que esta gente que nos contó sus vidas y nos ha acompañado en este proceso estuviera ahí. Gente como Asun, la mujer gitana, que es un icono del movimiento de la vivienda, y como ella muchas otras, Angelines, Carmen, Maite, Richard… Gente que a mí me hace particular ilusión que se vea, que su historia esté en la película, que haya viajado a Venecia y a San Sebastián. Y que luego ellos puedan decir a sus vecinos que salen en una película con Penélope Cruz y Luis Tosar.

En estas historias los hombres y las mujeres reaccionan de maneras diferentes, ¿la sociedad patriarcal ha marcado la forma de enfrentarnos a problemas tan graves como estos?

Creo que de los movimientos que más han roto, que más han sabido encontrar un espacio, que con más sabiduría se han sabido mover en los últimos años, sin lugar a dudas es el feminismo. Tengo una hija de trece años y percibo en su entorno, en su generación, en su forma de ver el mundo unas certezas inamovibles que nosotros no teníamos, unas victorias de sentido común que mi generación ni de lejos tenía. Y creo que por ahí hay un camino que hay que fortalecer y que ese ejemplo de solidaridad, empatía, lucha común, que ha mostrado el feminismo es un camino que se abre y del que debemos aprender.

¿El ritmo de la película, trepidante, es metáfora de la angustia, de la incertidumbre?

Cuando fuimos hablando con unos y con otros, al hablar de los procesos de desahucios se repetía la frase de “es como estar en mitad de un huracán, de una tormenta y no sabes quién va a quedar de pie”. Y otra metáfora recurrente es lo de la espada de Damocles, tienes una fecha que no sabes cuándo va a ser, que no te la han dicho, pero va a haber un día en que te van a echar de tu casa. Esa combinación de estar en mitad de una tormenta, que no sabes ni donde está el norte ni el sur, y luchar a contrarreloj, esa sensación de angustia, de proceso acelerado, de estar sometido a una presión constante, es lo que marca el ritmo. Hemos tratado de reflejar de una forma sensorial esto que nos habían contado y que creo que tiene que ver con el momento actual, de incertidumbre, donde todo parece que se va a resolver mañana y al mismo tiempo no sabes qué es lo que tienes que resolver ni cómo mantenerte en pie.

04/10/2022. Luis Tosar es el protagonista de la película
Luis Tosar es el protagonista de la película. Vértice 360

El personaje del hijastro del protagonista, que le acompaña a su pesar todo ese día, ¿es imagen del espectador escéptico?

Es el punto de vista más cercano al espectador, la mirada más neutra, más de fuera, más aséptica, que no sabe nada del tema y está cargado de prejuicios. Además, tiene prejuicios con su padrastro, el tipo que nunca está, que siempre falla, con el que no te puedes encariñar… Es la mirada prejuiciosa que muchos tienen con cualquier activismo.

¿Y cree que el espectador hará el mismo viaje de ese personaje hasta comprender lo esencial del activismo hoy?

No sé cómo va a reaccionar el público, solo espero que pueda entender y conocer una realidad que no todos conocen, entender una historia que desconocen, que el público pueda empatizar con unos personajes que acerca a una realidad que está ahí, en tu misma ciudad. Para eso sirve el cine y contar historias, para conocer aspectos que nosotros desconocemos de nuestra propia realidad o de la que no miramos. Espero que genere una mirada empática de una cosa que está a nuestro alrededor.

La película denuncia la brutalidad policial y su participación en procesos inhumanos de desahucios ¿Cómo es posible que seres humanos se presten a estas actuaciones?

Como actor tengo la costumbre de tratar de entender. Vivimos en una sociedad donde todo depende del relato oído, depende del relato que a ti te hayan contado y te estén contando diariamente… afrontas la vida de una forma u otra. Mucha gente cree que se enfrentan a parásitos, que están aprovechándose del sistema, piensan “yo estoy trabajando para pagar mi alquiler o mi hipoteca y hay unos vagos que quieren vivir del Estado sin hacer ningún esfuerzo”.

Cuando tú mamas ese relato, alimentado constantemente, además con sus buenas dosis de odio y de rencor alentado por muchos medios de comunicación, es comprensible que actúes de esa manera. Es su forma de conocer el mundo, de ninguna manera creo que haya maldad intrínseca, ellos están cumpliendo la ley que es lo que les han dicho que hay que hacer, y hay que cumplirla con toda su contundencia.

¿La clave está en no rendirse? ¿A pesar de la crisis moral de esta sociedad usted es optimista?

No me queda más alternativa que seguir pensando y trabajando para que esto sea de otra manera. La situación en la que está nuestra sociedad, en realidad las sociedades, porque nuestro país no es una isla, el auge del fascismo está operando en todo el mundo, viene de un giro hacia el mal, de no respetar los Derechos Humanos, con cada vez mayores cotas de desigualdad. El desprecio por la evidencia científica respecto al cambio climático es el ejemplo más nítido de que todo es susceptible de ser mercantilizado y usado para que unos pocos ganen cada vez más.

Y estos pocos cada vez más tienen más poder y más mecanismos para ejercer su poder. Frente a eso hay dos alternativas, o rendirte y pensar “que gane el más fuerte”, o intentar seguir haciendo cosas, lo posible para mantener las ideas, los hilos de pensamiento, para que cuando llegue una circunstancia que permita dar una batalla estén todas las herramientas para que esa batalla se dé y podamos construir un espacio mucho más justo, digno y bello para todos.

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