Sylvester Stallone se niega a soltar a Rocky aunque la saga siga sin él

Rocky, EE. UU., 1976, Regie: John G. Avildsen, Darsteller: Sylvester Stallone. (Foto de FilmPublicityArchive/United Archives a través de Getty Images)

Casi medio siglo. Se dice pronto pero es el tiempo que lleva Sylvester Stallone cargando con el legado de Rocky Balboa. Un peso que siempre ha llevado con gusto tras haber creado un personaje icónico de su puño y letra. Sin embargo, aunque nos hiciera creer que se había despedido de la historia con Creed II (2019) y cedido la continuación de la saga a Michael B. Jordan, parece que no logra soltar al sufrido púgil de Filadelfia de una vez por todas.

La tercera entrega de esta saga/spin off llegará a los cines en marzo de 2023 continuando la historia de Adonis, el hijo de Apollo Creed, el famoso rival y amigo de Rocky. Se trata de la primera película de la historia que no contará con la presencia de Stallone, ni delante o detrás de las cámaras, sino que se basará exclusivamente en la figura del joven boxeador que entró en escena como pupilo de Rocky Balboa en 2015. Además, Michael B. Jordan no solo vuelve a meterse en la piel del personaje sino que debuta en la dirección, siguiendo los mismos pasos de Sylvester cuando saltó a la dirección cinematográfica con La cocina del infierno (1978) y luego con Rocky II (1979).

A priori, que no aparezca Rocky Balboa tiene todo el sentido del mundo. Aunque nos cueste imaginar la historia sin él, no podemos olvidar que Creed II le sirvió de desenlace definitivo, positivo y concluyente. En el final de la secuela, Rocky lograba hacer las paces con la vida después de superar el cáncer en la primera película y reconstruir la relación con su hijo después de verse de frente con su pasado en la figura de Ivan Drago (Dolph Lundgren). El personaje se pasaba toda la segunda entrega sufriendo el distanciamiento con su único hijo, hasta que finalmente daba el paso de gigante de presentarse en su casa y fundirse en un reencuentro que cerraba su arco narrativo, despojándole de su eterna soledad y devolviéndole el amor familiar que tanto le hacía falta. Pues bien, así y todo, Stallone no está muy contento con el rumbo que han tomado los acontecimientos.

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En una entrevista para Hollywood Reporter dijo que Michael B. Jordan ha llevado la saga a “un espacio oscuro” debido a la “filosofía diferente” que se habría tomado con los personajes. “Este es el típico caso de ellos dando vueltas y tratando de elegir aspectos de ‘Rocky’ sin siquiera preguntarme si quiero unirme” dijo Stallone, citando el otro spin-off sobre Ivan Drago que se rumorea que estaría en desarrollo (aunque Dolph Lundgren aclaró que no hay nada confirmado y que pensaba que Stallone estaba involucrado). “No soy productor ejecutivo de las películas de Creed. Ryan Coogler lo es. Michael B. Jordan lo es. Los hijos [de Irwin Winkler y Robert Chartoff] lo son. No es mío. Soy el único que dejaron fuera”.

Es una situación lamentable porque sé lo que podría haber sido”, criticó al hablar de la próxima entrega de la franquicia.“Se llevó por una dirección bastante diferente a la que yo hubiera tomado. Es una filosofía diferente: la de Irwin Winkler y la de Michael B. Jordan. Les deseo lo mejor, pero soy mucho más sentimental. Me gusta que mis héroes sean golpeados, pero no quiero que entren en un espacio oscuro. Siento que la gente tiene suficiente oscuridad”.

Estas declaraciones se suman a otras que expuso recientemente sobre su disconformidad con el presente de Rocky. El actor criticó duramente a Irwin Winkler a través de Instagram, el productor que posee los derechos de la historia, calificándolo de “parásito”. Se quejó públicamente de que su hijo -también productor- se beneficie de su creación y tenga la libertad de continuar el legado que él mismo creó, mostrándose enfadado porque los frutos económicos de la franquicia no sean para sus propios herederos.

En un principio resulta fácil empatizar con Sylvester Stallone. Rocky Balboa es su creación, su hijo cinematográfico, y que se diseccione y continue sin su participación seguramente sea difícil de digerir. Porque si echamos cuentas, hace justamente 47 años que comenzó su idilio con el personaje más icónico de su carrera (con permiso de los fans de Rambo). Escribió el boceto original en apenas tres días y medio después de la pelea entre Muhammad Ali y Chuck Wepner en marzo de 1975, y tras largas negociaciones (porque el estudio no quería que él, un desconocido, la protagonizara) se puso manos a la obra con una película que se convertiría en clásico instantáneo. Apenas dos años más tarde Stallone había pasado de estar al borde de la quiebra a ser un hombre millonario gracias al éxito de Rocky (1976), y se paseaba con su película por la ceremonia de los Óscar nominado a Mejor Actor y ganando tres estatuillas: Mejor Director, Mejor Montaje y Mejor Película.

Sin embargo, algo me dice que Sly tiene un problema de arraigo que no le permite soltar al personaje. Y digo esto porque él mismo se había desligado y aparentemente pasado el testigo a Michael B. Jordan hace cuatro años.

A finales de noviembre de 2018, y apenas una semana después del estreno de Creed II en EE. UU., Stallone se despidió de la saga con un vídeo en Instagram. En la imagen lo veíamos dando un breve discurso al finalizar el rodaje frente a todo el equipo, despidiéndose y sugiriendo que había concluido su etapa como Rocky Balboa. “Probablemente este sea mi último rodeo. Lo que ha pasado jamás lo habría esperado. Pensé que Rocky se había terminado en 2006 y estaba muy feliz con ello. Pero de repente un joven se me presenta y toda la historia cambia. Fue a una nueva generación, nuevos problemas, nuevas aventuras. Y no podía estar más feliz porque a medida que doy un paso atrás, porque mi historia ha sido contada, hay todo un mundo nuevo por abrirse” decía para luego abrazar a Michael B. Jordan como pasándole el testigo simbólicamente.

Ese vídeo, que yo misma recuerdo haber visto, ha desaparecido del Instagram del actor. Desconozco por qué lo habrá borrado pero gracias a la supervivencia eterna de Internet, existen decenas de artículos de finales de noviembre de 2018 que captaron la noticia como prueba de su despedida. Es más, en la explicación del vídeo escribía que “Aunque me rompe el corazón, tristemente todas las cosas deben pasar… y terminar. Los amo, gente amable y generosa, y lo más maravilloso de todo, es que ROCKY nunca morirá porque vive en ustedes”. Vamos… no me digan que eso no es una despedida en toda regla…

Otra prueba la encontramos en nuestra entrevista a Michael B. Jordan durante la promoción de Creed II en Madrid. No solo nos confirmaba el desarrollo de la tercera parte, sino que creía que Stallone había visto algo en él como para “sentir la confianza” de dejar la saga “en buenas manos”, mientras definía la labor que tenía delante como “mi saga”.

Es decir, si Sylvester Stallone nos hizo creer -o así lo entendimos- que la historia de Rocky Balboa había terminado en Creed II con un final que concluía su periplo cinematográfico de manera preciosa, ¿a qué vienen las críticas ahora a una tercera parte en donde él no tiene participación? Comprendo que viene desde un lugar de protección hacia su legado, pero también de recelo ante los derroteros dramáticos diferentes que habrían tomado, pero si decidió pasar el testigo y optó por desligarse, entonces tal vez debería dejar que la saga vuele por sí sola. Como un hijo cuando llega a la vida adulta.

La saga ya no es de Rocky sino de otro personaje y así lo idearon ellos mismos con los arcos escritos dentro de una saga secundaria que lleva el nombre de otro boxeador. Por eso, si no quiere pasarlo mal mirando continuamente hacia el pasado ni quedarse estancado en lo que “debería haber sido”, tal vez sea mejor que Stallone suelte de una vez por todas y deje que Creed III abra alas por su cuenta. Si Michael B. Jordan se equivoca y se estrella en crítica y taquilla, no será problema suyo. Él ya hizo su labor y bien hecha. Un fracaso de Creed III no mancharía el legado de Rocky. Eso ya está aferrado a la memoria cinéfila para siempre.

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